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jueves, 5 de junio de 2014
Los niños de padres divorciados son más propensos a ser obesos, según estudio
Los niños de padres divorciados son más propensos a ser obesos que los hijos de matrimonios que permanecen juntos, según un estudio publicado hoy por la revista científica británica "British Medical Journal".
La investigación está basada en los casos de 3.166 niños con una media de ocho años de edad, procedentes de 127 colegios de primaria de Noruega.
La publicación científica apunta como posible explicación la reducción en los ingresos familiares de una pareja divorciada, una menor dedicación a las tareas de la casa como cocinar por parte de los padres separados y también las secuelas emocionales que produce la separación en el menor.
Así, los jóvenes de hogares con parejas separadas son un 54 por ciento más propensos a padecer sobrepeso u obesidad y entre éstos, los chicos son especialmente más proclives que las chicas.
La revista pretende con este estudio identificar a los grupos más vulnerables a los cambios socio-demográficos que afectan a la estructura de la familia, en los que se registra una proporción creciente de parejas de hecho y padres divorciados.
El estudio relaciona esta circunstancia con la prevalencia de los problemas de sobrepeso y obesidad infantil.
Aunque estos datos sólo son representativos para la población noruega que tiene en torno a los ocho años, el estudio pretende extrapolar los resultados a los países occidentales industrializados.
Más allá de estos datos, la investigación recoge que uno de cada cinco niños padece sobrepeso u obesidad según las cifras de la "International Obesity Task Force" (IOTF), una organización creada para combatir la obesidad en todo el mundo.
Los autores explicaron que hay que interpretar el estudio "con precaución" y que sólo permite "especular sobre si el cambio en la estructura de la vida diaria tiene un efecto importante en los niños de familias divorciadas".
jueves, 11 de julio de 2013
LOS HIJOS NO DEBEN PAGAR LOS PLATOS ROTOS
Por: María Marín / motivadora, columnista internacional y autora del “Pide más, espera más y obtendrás más”. Para más motivación visita:
www.MariaMarin.com
Toda relación amorosa comienza llena de ilusiones. Primero es el enamoramiento, a continuación la boda, después amueblar tu casita, le siguen los hijos y así se continúa la construcción de la familia perfecta. Pero la triste realidad es que más tarde empiezan a faltar ciertas cosas en hogar, como la falta de dinero, falta de comprensión, falta de respeto, falta de confianza y por último la falta de amor. Es así como muchos matrimonios se desintegran. Lo sorprendente es que muchos de estos rompimientos pudieron prevenirse. Los estudios muestran que un considerable porcentaje de los casos de divorcio pueden evitarse si las parejas acuden a terapia matrimonial al primer signo de crisis, en vez de esperar a que la relación se deteriore. La parte más difícil de un divorcio no es separar los bienes gananciales, sino tener que separarte de tus hijos para compartirlos con tu ex por ciertos períodos de tiempo. Hay parejas que deciden quedarse juntas para no perjudicar a los niños. El debate sobre conservar o no una relación por los hijos es de los más polémicos. En mi opinión -con la cual muchos podrán diferir- un matrimonio deteriorado donde la pareja se siente miserable y el amor se acabó, no debe continuar sólo por los niños. Los hijos se sienten responsables de la felicidad de sus padres. Si estás infeliz, ellos también lo estarán y aunque trates de ocultarlo, lo percibirán. La mayoría piensa que un divorcio arruinará el futuro de un niño, pero el divorcio no es realmente lo que perjudica a los hijos, más la relación que tengan los padres después de la separación es lo que determina la salud emocional de ellos. Si el trato con tu ex es hostil y amargo, ten por seguro que tus hijos se afectaran profundamente. Pero si la relación es amigable ellos sentirán tranquilidad lo cual les ayudará a superar el rompimiento. Por eso, no importa que tan malo e injusto haya sido tu ex, nunca hables negativamente de él con tus hijos. Además, explícales que ellos nos son los causantes de la separación y déjales saber que la situación familiar va a cambiar por el bien de todos. Si tu relación termino no significa que la vida de tus hijos se arruinó. Recuerda, la felicidad de un niño se determina por la interacción que exista entre sus padres ¡casados o divorciados! La clave para el bienestar de los hijos es mantener la armonía y la paz entre dos adultos que reconocen que es más saludable vivir separados
QUICKIE
Un estudio de la Universidad de Washington reveló que, si el estilo de educar de la madre se adapta a la personalidad del niño, puede reducirse el riesgo de que el pequeño sufra en un futuro depresión y ansiedad.
www.MariaMarin.com
Toda relación amorosa comienza llena de ilusiones. Primero es el enamoramiento, a continuación la boda, después amueblar tu casita, le siguen los hijos y así se continúa la construcción de la familia perfecta. Pero la triste realidad es que más tarde empiezan a faltar ciertas cosas en hogar, como la falta de dinero, falta de comprensión, falta de respeto, falta de confianza y por último la falta de amor. Es así como muchos matrimonios se desintegran. Lo sorprendente es que muchos de estos rompimientos pudieron prevenirse. Los estudios muestran que un considerable porcentaje de los casos de divorcio pueden evitarse si las parejas acuden a terapia matrimonial al primer signo de crisis, en vez de esperar a que la relación se deteriore. La parte más difícil de un divorcio no es separar los bienes gananciales, sino tener que separarte de tus hijos para compartirlos con tu ex por ciertos períodos de tiempo. Hay parejas que deciden quedarse juntas para no perjudicar a los niños. El debate sobre conservar o no una relación por los hijos es de los más polémicos. En mi opinión -con la cual muchos podrán diferir- un matrimonio deteriorado donde la pareja se siente miserable y el amor se acabó, no debe continuar sólo por los niños. Los hijos se sienten responsables de la felicidad de sus padres. Si estás infeliz, ellos también lo estarán y aunque trates de ocultarlo, lo percibirán. La mayoría piensa que un divorcio arruinará el futuro de un niño, pero el divorcio no es realmente lo que perjudica a los hijos, más la relación que tengan los padres después de la separación es lo que determina la salud emocional de ellos. Si el trato con tu ex es hostil y amargo, ten por seguro que tus hijos se afectaran profundamente. Pero si la relación es amigable ellos sentirán tranquilidad lo cual les ayudará a superar el rompimiento. Por eso, no importa que tan malo e injusto haya sido tu ex, nunca hables negativamente de él con tus hijos. Además, explícales que ellos nos son los causantes de la separación y déjales saber que la situación familiar va a cambiar por el bien de todos. Si tu relación termino no significa que la vida de tus hijos se arruinó. Recuerda, la felicidad de un niño se determina por la interacción que exista entre sus padres ¡casados o divorciados! La clave para el bienestar de los hijos es mantener la armonía y la paz entre dos adultos que reconocen que es más saludable vivir separados
QUICKIE
Un estudio de la Universidad de Washington reveló que, si el estilo de educar de la madre se adapta a la personalidad del niño, puede reducirse el riesgo de que el pequeño sufra en un futuro depresión y ansiedad.
Hijos del divorcio
Todas conocemos a una amiga o familiar que pasó (o está pasando) por un divorcio y la principal preocupación son los hijos. Los divorcios son cada vez más frecuentes y millones de niños alrededor del mundo sienten que su mundo se desmorona cuando sus papás se divorcian.
La pregunta que muchas nos hacemos es: cuando la separación es un hecho, ¿qué debemos hacer para disminuir el impacto de la ruptura marital en los hijos? Y es que la salud emocional, la crianza y el desarrollo de nuestros hijos debe ser nuestra prioridad. Investigadores de distintas especialidades han estudiado los efectos del divorcio en los niños y adolescentes, pero no hay conclusiones unánimes. Un estudio publicado por UNICEF señala que las consecuencias dependen de distintas variables, entre ellas: el grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos, el ejercicio o no de la coparentalidad (crianza conjunta de los hijos) y los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo general trae aparejado. La buena noticia es que, aunque una separación es dolorosa para los niños, ellos se ajustan bien a la situación con el tiempo. Todo depende de cómo manejas el divorcio. “Las causales de divorcio son muy importantes, así como la historia previa. Cada caso es único y no hay una receta”, explica el psicólogo clínico infantil, German Burgoa. Aunque los niños de un divorcio se recuperan, un número de factores puede reducir el impacto que experimentan. Estas son algunas recomendaciones esenciales.
Recomendaciones
Madurez. “La recomendación más importante es que ante un divorcio haya madurez y que no se mezcle la relación de pareja con la relación parental. Ya que muchas veces cuando hay un conflicto de pareja, éste se extiende a los niños, entonces se cometen errores como no dejar que el papá vea a los niños. Es muy importante que la persona facilite el relacionamiento con el padre que no está presente”, explica Burgoa.
Siempre presentes. El divorcio se ha instituido para los cónyuges, no para los padres. Los esposos no se divorcian de sus hijos, ni entre sí como padres. Deben ejercer conjuntamente la parentalidad y cumplir conjuntamente las funciones de crianza. “Ambos deben involucrarse en la vida del niño. Se rompe la relación conyugal, no parental”, enfatiza el experto.
Asimismo, la pareja que se queda con los hijos (generalmente la madre), tiene que facilitar la relación con el papá, teniendo delimitada la nueva relación, explica Burgoa.
“La mamá debe tratar de involucrar al papá dentro las funciones educativas de los niños, desde festivales y actividades recreativas a los cambios del colegio, viajes, etc. No involucrar al papá hace muchísimo daño porque lo que el papá puede aportar a los hijos, no puede hacerlo la mamá”, explica Burgoa.
No hables mal del otro. El psicólogo explica que muchos niños pueden llegar a rechazar al papá o mamá, y esto se puede dar cuando hubo una historia previa de una mala relación. “El rechazo también se da cuando llevamos el conflicto hacia los hijos y un padre habla mal del otro. También se da cuando la otra persona se encarga de deteriorar su propia relación con su hijo, porque nunca está ni llama. Entonces el niño reacciona frente a estas situaciones”, explica el psicólogo.
Habla con ellos. Los padres deben ser un apoyo para sus hijos: es esencial que hablen claramente sobre el divorcio y sus implicaciones, así como contestar sus preguntas de manera clara, sin mentiras.
“Cuando hay un divorcio es responsabilidad de ambos padres hablar de manera claro con los hijos acerca de lo que va a ocurrir y por qué va a ocurrir. La comunicación es esencial, de otro modo, el niño tiene otras expectativas y se puede sentir abandonado, además que daña la autoestima del niño, ya que muchos pueden pensar que han tenido algo que ver con el divorcio”, dice.
El divorcio, muchas veces una solución
“El tema del divorcio no siempre va a ser negativo. El divorcio puede ser, terapéuticamente hablando, una solución a una situación de tensión. Por ejemplo, hay parejas que son altamente disfuncionales lo que implica conflictos de pareja de alta intensidad de manera frecuente, lo que genera un daño terrible a sí mismos y a los hijos”, asegura, agregando que “es mucho más nocivo que un niño viva en un ambiente disfuncional donde hay agresividad y violencia frecuente, a que supere un divorcio. Desde esta perspectiva el divorcio es una solución”.
El psicólogo, un aliado esencial
El experto explica que la cultura de la prevención es esencial en cualquier área. “Es como ir al dentista sin tener caries, lo haces para una revisión y una limpieza. En el caso de la psicología es igual: la idea es que sepas cómo está madurando y desarrollando intelectual y emocionalmente y si llegas a un situación de tensión por un divorcio, ya sabes cómo es tu niño o en qué situación está”, explica el experto.
Si estás atravesando un divorcio, ir al psicólogo es esencial, pues él tiene las herramientas para saber cuál es el estado emocional del niño, como ve al papá y a la mamá y cuáles son sus necesidades con cada uno de los papás. “Te dará una idea más clara de lo que tienes que hacer”, asegura Burgoa.
Edad
La etapa que atraviesa el niño en un divorcio es un factor para tomar en cuenta.
0 a 5 años. Cuando se trata de bebés o niños pequeños, los padres creen que ellos no perciben lo que pasa en su familia y esto es un error, porque los chicos pequeños se dan cuenta de todo, y es una edad delicada para el divorcio. “Para los niños menores de cinco años, la presencia de ambos padres como imágenes que formarán su estructura de personalidad es muy importante. El divorcio corta este proceso, donde cada figura aporta algo a la estructura del niño como persona, y a largo plazo puede haber fallas a nivel social y emocional”, explica.
Un estudio realizado por la Universidad de Illinois en el que se entrevistó a más de 7 mil personas sobre su personalidad y relaciones cercanas, encontró que cuando a un niño de entre tres a cinco años le toca vivir el divorcio de sus padres es más propenso a ser una persona lejana a estos aún en su vida adulta, que un niño que atraviesa la misma experiencia en una edad mayor. “Una persona que tuvo una relación estable con sus padres es más propensa a tener relaciones más seguras en el futuro que otra que vio el término del matrimonio de sus padres”, explicó Chris Fraley, coautor del estudio.
5 a 9. “A esta edad el niño ha recibido el aporte de ambos padres y está más fortalecido en su estructura. También va a sufrir con el divorcio, pero esta más fuerte y lo sobrellevará mejor, siempre y cuando sea un divorcio maduro, no con guerra. La guerra siempre va a deteriorar todo, sobre todo a los niños”, señala Burgoa.
Pre adolescencia y adolescencia. La otra etapa delicada es la pre adolescencia, entre los 9 y 13 años, y la adolescencia, entre los 13 y 18.
“Es una etapa donde los chicos necesitan el aporte de ambos papás para poder lidiar con la crisis de la adolescencia. Puede aparecer la rebeldía, el enfrentamiento y lo social gana peso; el adolescente se aleja de la familia y es absorbido por el mundo social, además aparece el circuito de drogas, alcohol y sexualidad que atraviesa el 100 por ciento de los adolescentes. Necesitan el papá y la mamá para ayudarles a salir de esa crisis”, asegura el experto.
La pregunta que muchas nos hacemos es: cuando la separación es un hecho, ¿qué debemos hacer para disminuir el impacto de la ruptura marital en los hijos? Y es que la salud emocional, la crianza y el desarrollo de nuestros hijos debe ser nuestra prioridad. Investigadores de distintas especialidades han estudiado los efectos del divorcio en los niños y adolescentes, pero no hay conclusiones unánimes. Un estudio publicado por UNICEF señala que las consecuencias dependen de distintas variables, entre ellas: el grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos, el ejercicio o no de la coparentalidad (crianza conjunta de los hijos) y los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo general trae aparejado. La buena noticia es que, aunque una separación es dolorosa para los niños, ellos se ajustan bien a la situación con el tiempo. Todo depende de cómo manejas el divorcio. “Las causales de divorcio son muy importantes, así como la historia previa. Cada caso es único y no hay una receta”, explica el psicólogo clínico infantil, German Burgoa. Aunque los niños de un divorcio se recuperan, un número de factores puede reducir el impacto que experimentan. Estas son algunas recomendaciones esenciales.
Recomendaciones
Madurez. “La recomendación más importante es que ante un divorcio haya madurez y que no se mezcle la relación de pareja con la relación parental. Ya que muchas veces cuando hay un conflicto de pareja, éste se extiende a los niños, entonces se cometen errores como no dejar que el papá vea a los niños. Es muy importante que la persona facilite el relacionamiento con el padre que no está presente”, explica Burgoa.
Siempre presentes. El divorcio se ha instituido para los cónyuges, no para los padres. Los esposos no se divorcian de sus hijos, ni entre sí como padres. Deben ejercer conjuntamente la parentalidad y cumplir conjuntamente las funciones de crianza. “Ambos deben involucrarse en la vida del niño. Se rompe la relación conyugal, no parental”, enfatiza el experto.
Asimismo, la pareja que se queda con los hijos (generalmente la madre), tiene que facilitar la relación con el papá, teniendo delimitada la nueva relación, explica Burgoa.
“La mamá debe tratar de involucrar al papá dentro las funciones educativas de los niños, desde festivales y actividades recreativas a los cambios del colegio, viajes, etc. No involucrar al papá hace muchísimo daño porque lo que el papá puede aportar a los hijos, no puede hacerlo la mamá”, explica Burgoa.
No hables mal del otro. El psicólogo explica que muchos niños pueden llegar a rechazar al papá o mamá, y esto se puede dar cuando hubo una historia previa de una mala relación. “El rechazo también se da cuando llevamos el conflicto hacia los hijos y un padre habla mal del otro. También se da cuando la otra persona se encarga de deteriorar su propia relación con su hijo, porque nunca está ni llama. Entonces el niño reacciona frente a estas situaciones”, explica el psicólogo.
Habla con ellos. Los padres deben ser un apoyo para sus hijos: es esencial que hablen claramente sobre el divorcio y sus implicaciones, así como contestar sus preguntas de manera clara, sin mentiras.
“Cuando hay un divorcio es responsabilidad de ambos padres hablar de manera claro con los hijos acerca de lo que va a ocurrir y por qué va a ocurrir. La comunicación es esencial, de otro modo, el niño tiene otras expectativas y se puede sentir abandonado, además que daña la autoestima del niño, ya que muchos pueden pensar que han tenido algo que ver con el divorcio”, dice.
El divorcio, muchas veces una solución
“El tema del divorcio no siempre va a ser negativo. El divorcio puede ser, terapéuticamente hablando, una solución a una situación de tensión. Por ejemplo, hay parejas que son altamente disfuncionales lo que implica conflictos de pareja de alta intensidad de manera frecuente, lo que genera un daño terrible a sí mismos y a los hijos”, asegura, agregando que “es mucho más nocivo que un niño viva en un ambiente disfuncional donde hay agresividad y violencia frecuente, a que supere un divorcio. Desde esta perspectiva el divorcio es una solución”.
El psicólogo, un aliado esencial
El experto explica que la cultura de la prevención es esencial en cualquier área. “Es como ir al dentista sin tener caries, lo haces para una revisión y una limpieza. En el caso de la psicología es igual: la idea es que sepas cómo está madurando y desarrollando intelectual y emocionalmente y si llegas a un situación de tensión por un divorcio, ya sabes cómo es tu niño o en qué situación está”, explica el experto.
Si estás atravesando un divorcio, ir al psicólogo es esencial, pues él tiene las herramientas para saber cuál es el estado emocional del niño, como ve al papá y a la mamá y cuáles son sus necesidades con cada uno de los papás. “Te dará una idea más clara de lo que tienes que hacer”, asegura Burgoa.
Edad
La etapa que atraviesa el niño en un divorcio es un factor para tomar en cuenta.
0 a 5 años. Cuando se trata de bebés o niños pequeños, los padres creen que ellos no perciben lo que pasa en su familia y esto es un error, porque los chicos pequeños se dan cuenta de todo, y es una edad delicada para el divorcio. “Para los niños menores de cinco años, la presencia de ambos padres como imágenes que formarán su estructura de personalidad es muy importante. El divorcio corta este proceso, donde cada figura aporta algo a la estructura del niño como persona, y a largo plazo puede haber fallas a nivel social y emocional”, explica.
Un estudio realizado por la Universidad de Illinois en el que se entrevistó a más de 7 mil personas sobre su personalidad y relaciones cercanas, encontró que cuando a un niño de entre tres a cinco años le toca vivir el divorcio de sus padres es más propenso a ser una persona lejana a estos aún en su vida adulta, que un niño que atraviesa la misma experiencia en una edad mayor. “Una persona que tuvo una relación estable con sus padres es más propensa a tener relaciones más seguras en el futuro que otra que vio el término del matrimonio de sus padres”, explicó Chris Fraley, coautor del estudio.
5 a 9. “A esta edad el niño ha recibido el aporte de ambos padres y está más fortalecido en su estructura. También va a sufrir con el divorcio, pero esta más fuerte y lo sobrellevará mejor, siempre y cuando sea un divorcio maduro, no con guerra. La guerra siempre va a deteriorar todo, sobre todo a los niños”, señala Burgoa.
Pre adolescencia y adolescencia. La otra etapa delicada es la pre adolescencia, entre los 9 y 13 años, y la adolescencia, entre los 13 y 18.
“Es una etapa donde los chicos necesitan el aporte de ambos papás para poder lidiar con la crisis de la adolescencia. Puede aparecer la rebeldía, el enfrentamiento y lo social gana peso; el adolescente se aleja de la familia y es absorbido por el mundo social, además aparece el circuito de drogas, alcohol y sexualidad que atraviesa el 100 por ciento de los adolescentes. Necesitan el papá y la mamá para ayudarles a salir de esa crisis”, asegura el experto.
martes, 5 de marzo de 2013
La tutela del hijo adolescente
El Código de Familia, en la sección III, sobre los efectos del divorcio, explica sobre la situación de los hijos, en el artículo 145 dice claramente: "El juez define en la sentencia la situación de los hijos teniendo en cuenta el mejor cuidado e interés moral y material de estos". Además, aclara que las convenciones que celebren o las proposiciones que hagan los padres pueden aceptarse siempre que consulten dicho interés. Incluso, establece que "los hijos que no tengan siete años pueden confiarse a la madre, y los que pasen de esa edad, al padre; o bien los varones al padre y las mujeres a la madre, sin distinción de edad". Por razones de moralidad, salud o educación, puede confiarse la guarda a solo uno de los padres o prescindirse de ambos optando entre los abuelos paternos o maternos o entre los hermanos de dichos cónyuges. En caso necesario, la guarda puede ser confiada a tercera persona de conocida idoneidad". Sin embargo, ¿qué es lo realmente importante antes de disputarse la custodia de un menor, más aún si se trata de un adolescente?
Analice. Según el psicólogo Óscar Urzagasti, lo primordial es analizar la salud mental de los padres, "que no tengan trastornos psicológicos que afecten a los menores de edad". El desgaste de la disolución de un matrimonio ya significa un gran efecto psicosocial para el menor, esto sumado a que debe quedarse solo con uno de sus padres, su estabilidad emocional puede verse afectada.
"Los trastornos en los padres son muy importantes, puesto que pueden desembocar en un padre sádico o una madre impulsiva, en cualquiera de los casos le afecta al niño", remarcó.
El afecto. Otro aspecto, que es bueno identificar antes de disputar la custodia de los niños, es calificar el vínculo afectivo que tiene el menor con su papá o con su mamá.
Mary Luz Aguilar, trabajadora social, asegura que en el marco de la definición de la custodia "este aspecto se toma muy en cuenta. Los mayores de siete años tienen la capacidad de definir con quién quieren estar, si con su mamá o su papá, con quien tengan más comunicación".
Tipos de apego. Según el psicólogo, además del afecto, también se debe analizar el apego que tiene el menor con su madre o su padre. "Existen tipos de apego, desde los estables y seguros, hasta los no estables", explicó. Urzagasti añadió que de tratarse de un apego estable, el niño o adolescente contará con un buen ambiente para desarrollarse en un ambiente familiar, a pesar de que uno de los miembros (padre o madre) ya no viva con él o ella bajo el mismo techo.
¿Y los parientes? "Existe un concepto que se denomina: cuidado primario, que no identifica al padre o madre biológica como el dueño de ese título", destacó Urzagasti, a tiempo de indicar que en muchos casos ese cargo se lo llevan los abuelos cuando se hacen cargo de los niños desde que tienen meses de nacido o viajan al extranjero por trabajo. Incluso el mismo Código de Familia reconoce que los abuelos paternos o maternos o entre los hermanos de dichos cónyuges pueden tener la guarda de los menores.
Analice. Según el psicólogo Óscar Urzagasti, lo primordial es analizar la salud mental de los padres, "que no tengan trastornos psicológicos que afecten a los menores de edad". El desgaste de la disolución de un matrimonio ya significa un gran efecto psicosocial para el menor, esto sumado a que debe quedarse solo con uno de sus padres, su estabilidad emocional puede verse afectada.
"Los trastornos en los padres son muy importantes, puesto que pueden desembocar en un padre sádico o una madre impulsiva, en cualquiera de los casos le afecta al niño", remarcó.
El afecto. Otro aspecto, que es bueno identificar antes de disputar la custodia de los niños, es calificar el vínculo afectivo que tiene el menor con su papá o con su mamá.
Mary Luz Aguilar, trabajadora social, asegura que en el marco de la definición de la custodia "este aspecto se toma muy en cuenta. Los mayores de siete años tienen la capacidad de definir con quién quieren estar, si con su mamá o su papá, con quien tengan más comunicación".
Tipos de apego. Según el psicólogo, además del afecto, también se debe analizar el apego que tiene el menor con su madre o su padre. "Existen tipos de apego, desde los estables y seguros, hasta los no estables", explicó. Urzagasti añadió que de tratarse de un apego estable, el niño o adolescente contará con un buen ambiente para desarrollarse en un ambiente familiar, a pesar de que uno de los miembros (padre o madre) ya no viva con él o ella bajo el mismo techo.
¿Y los parientes? "Existe un concepto que se denomina: cuidado primario, que no identifica al padre o madre biológica como el dueño de ese título", destacó Urzagasti, a tiempo de indicar que en muchos casos ese cargo se lo llevan los abuelos cuando se hacen cargo de los niños desde que tienen meses de nacido o viajan al extranjero por trabajo. Incluso el mismo Código de Familia reconoce que los abuelos paternos o maternos o entre los hermanos de dichos cónyuges pueden tener la guarda de los menores.
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