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jueves, 16 de febrero de 2017

¿Separados y bajo el mismo techo?

La separación y el divorcio debieran ser los procesos por los cuales una pareja disuelve su relación y comienza una nueva etapa. Cada uno de los miembros vive su duelo y despierta a nuevas vivencias y sensaciones, nuevos proyectos y nuevas personas con las que vincularse.

La relación con los ex puede tener diversos matices pero, generalmente, si no hay hijos de por medio, termina desdibujándose para siempre después de unos años.

Hay casos, sin embargo, en los que la pareja, aún separada sigue conviviendo bajo el mismo techo. Esta es una situación desaconsejable ya que es como vivir en un limbo emocional. No se es pareja pero no se disuelve el vínculo. Ninguno de los ex esposos puede continuar con su vida de forma plena y completa.

Hay varias razones por las que parejas separadas siguen compartiendo el mismo techo:

RAZONES ECONÓMICAS

La relación está rota y ninguno de los dos quiere seguir adelante con el vínculo emocional. Es más, desearían no seguir conviviendo pero no hay recursos para que uno de los dos se sostenga por separado.

No hay posibilidades de comprar o alquilar una segunda vivienda y no existe un lugar dónde se pueda vivir. En este caso las dos personas comparten el mismo espacio físico, pero llevan vidas completamente separadas. Cada uno por su lado. Pueden incluso comer en diferentes horarios y no tener absolutamente ninguna actividad juntos. Pero viven en la misma casa y este es un gran problema a la hora de iniciar nuevas relaciones, la intimidad es nula y la normalidad e independencia nunca llegan.

RAZONES EMOCIONALES

Cuando las razones para quedarse bajo el mismo techo son emocionales, es aún más complicado. El motivo puede ser que haya hijos pequeños en común. Los adultos pueden pensar que un divorcio podría perjudicar de alguna manera a los pequeños y deciden fingir un matrimonio feliz puertas afuera. Entre ambos miembros de la pareja no existe ningún vínculo pasional (sí pueden llegar a tener un vínculo afectivo, pues se han amado en algún momento y siguen compartiendo muchos elementos de la vida cotidiana, incluida la crianza de los hijos).

Sin embargo, feliz no es una buena idea en ningún caso, pero lo es aún menos cuando hay hijos en casa. Los niños y adolescentes son muy permeables, entienden y perciben todo lo que sucede en el ámbito del hogar. Si sus padres no se llevan bien pero pretenden ser una pareja bien avenida fuera de casa, los hijos están aprendiendo a mentir y disimular directamente de sus padres, una lección que nadie querría impartir de forma voluntaria. También aprenden los hijos que el desamor es normal y esperable, que no hay pasión en el matrimonio y, en fin, que nunca querrían repetir una relación como la que sus padres tienen. Es mejor explicar los porqués de una separación y que los pequeños, o no tanto, entiendan que sus padres son dos personas adultas y sanas que buscan más opciones para ser felices en sus vidas, que son capaces de separarse y seguir siendo sus amantes papá y mamá, porque estos roles son independientes de los de pareja.

Los hijos agradecen la honestidad y la sinceridad, están aprendiendo de sus progenitores todo el tiempo, de la comunicación verbal y de la no verbal.

Otras parejas siguen conviviendo juntas porque uno, o ninguno, de los dos es capaz de superar y aceptar la separación. Se teme dañar profundamente al otro, al que se quiere aunque no se ama como pareja, y se elige “el mar menor”. El miedo a la soledad y el gusto por la cómoda rutina de la casa tiene mucho que ver con esta decisión, es un intento de tener lo mejor de dos mundos, pero no es una solución saludable.

QUÉ PERDEMOS AL VIVIR BAJO EL MISMO TECHO

Separarse y quedarse a vivir en la misma casa con el otro es una pérdida en muchos sentidos. La separación es dolorosa en sí misma, es un fracaso emocional y sentimental y necesitamos aire fresco, una renovación en muchos aspectos, desde el espiritual, al físico y al sexual. Seguir en la órbita del ex es no dar ese paso tan necesario hacia adelante, hacia lo que está por venir. Cerramos así las puertas de las posibilidades que nos aguardan y nos quedamos en un limbo. Ni somos felices ni dejamos que los otros lo sean. Es difícil, pero necesario. Si te separas, que sea del todo. Hasta para una posible reconciliación necesitas la distancia que solo te puede dejar ver las cosas en perspectiva.

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